FACULTAD DE INGENIERIA - UNICEN

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viernes, 12 de marzo de 2010

¿Qué estudio?

La mayoría de los adolescentes comienza el último año de la secundaria con una pregunta insistente: “¿qué hago después?”. Para los que se deciden a estudiar, comienza la serie de preguntas propias, de padres y amigos. Si bien muchos tienen claro qué quieren estudiar, para todos es recomendable un proceso de orientación vocacional. Son muchas las escuelas que lo ofrecen a sus alumnos, también hay hospitales públicos y universidades que guían en la definición sobre la carrera.
También en las preferencias personales, suele pesar la tradición familiar. Algunos padres ejercen sutil o evidente presión sobre sus hijos para que se inclinen por determinada carrera. La familia también juega un rol fundamental a la hora de evaluar el impacto de los estudios universitarios en el presupuesto familiar. Para los que viven en ciudades pequeñas y pueblos, el traslado a otra ciudad es casi inevitable, con el consiguiente gasto en alojamiento.
El Lic. Mario Betteo, que trabaja en Orientación Vocacional, explica que combinar todas las variables es similar a armar un rompecabezas. “Si, por ejemplo, un chico que vive en Moreno quiere estudiar Arquitectura en la UBA, debe tener primero el consenso familiar. La distancia entre el hogar y el lugar de estudios suele ser una barrera al momento de elegir, pero si la voluntad de alguien es realmente intensa, pasa a ser un elemento menor. Por supuesto, que cada caso es particular, pero lo importante es el amor y la vocación. A veces suele ser fácil perder el entusiasmo, más cuando uno tiene otros compromisos. Pero si realmente es lo que uno desea, el estudio se termina abriendo el paso ante todos ellos”, relata Betteo.
Eva Abadi, Licenciada en Ciencias de la Educación, comparte sus recomendaciones a la hora de elegir una carrera:
• Reconocer capacidades, intereses, aptitudes y potencialidades propias y saber con qué campos profesionales/ocupacionales se relacionan (aconsejo consultar guías de estudiantes, interactuar con profesionales de los posibles campos de interés, acercarse a las diferentes instituciones, etc.).
• Reconocer las influencias (del medio, de los pares, de los padres, etc.) y distinguir las aspiraciones y expectativas de los otros de las propias.
• Tener conocimiento de la oferta educativa y de los diferentes mundos profesionales.
• Confrontar lo real y lo fantaseado acerca de las carreras y/u ocupaciones.
Pero, Abadi, también alivia la tensión que sienten los estudiantes a la hora de inclinarse por una carrera: “Hoy en día, a diferencia de lo que pasaba hasta hace unos años, la carrera que uno comienza estudiando no define a lo que uno terminará dedicándose. La profesión, además, no es algo estático, sino una construcción que jamás termina. Una construcción que dada la globalización, la interdisciplinariedad, la vertiginosidad de los cambios, la aparición de nuevos nichos y necesidades profesionales se va haciendo a lo largo de la vida. De acuerdo a los intereses personales, las opciones laborales que vayan surgiendo, quizás nuevos requisitos de formación”. Y agrega: “si bien, obviamente, es deseable estudiar la carrera que uno ha elegido en una institución que la dicte en forma consistente e idónea, en caso de no poder acceder a ella por distancia , medios económicos u otros, es importante saber que la elección inicial no define de ninguna manera qué terminaremos siendo. Sino que es una de tantas, muchas, puertas de entrada”.
Una carrera universitaria asegura “la salida el mundo” y sin dudas un mejor panorama laboral. Pero también está acompañada de grandes desafíos: es el primer paso a la adultez. De la contención de la escuela y la familia, hay que dar un salto grande para asumir el propio destino. Mayores exigencias académicas, la preparación para la incursión en el mundo del trabajo. Pero, sin dudas, vale la pena.
Publicado en Diario Clarín.

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